Kamailio es el portero del switch. Todas las llamadas que entran pasan primero por él: mira quién llama, revisa si tiene permiso, decide si la deja pasar y a dónde la manda. No transporta el audio — de eso se encarga otra pieza — pero ninguna llamada existe si Kamailio no la dejó pasar.
La pantalla Settings → Kamailio muestra qué está haciendo el portero en este momento y te deja ajustar lo que se puede ajustar sin cortar llamadas. Está dividida en pestañas para que encuentres cada cosa donde la buscás.
Estado
La foto del momento. Qué versión corre, hace cuánto está encendido, en qué direcciones escucha, cuánta memoria usa y cuántas llamadas tiene ahora mismo, separadas entre contestadas y timbrando.
Ahí también ves los procesos de trabajo. Son los empleados del portero: cada uno atiende una llamada por vez. Están repartidos por puerta de entrada y no se prestan entre puertas — si los de una puerta están todos ocupados, los de la otra no ayudan. Por eso se muestran separados y no como un total, que escondería el problema.
Módulos
Kamailio se arma con piezas, y cada una hace un trabajo. Acá están las que este switch tiene puestas, con la explicación de para qué sirve cada una: cuál se ocupa de los registros de los gateways, cuál del control anti-fraude, cuál habla con la base de datos.
Esto es sólo de lectura. Agregar o sacar una pieza exige reiniciar.
Memoria
El portero anota cosas en unas libretas rápidas que viven en memoria: cuántas llamadas por segundo lleva cada cliente, qué IPs están castigadas, los límites que configuró el operador. Cada libreta muestra cuántas anotaciones tiene.
Límites
Acá se ajustan los topes, y se aplican al instante sin cortar ninguna llamada. Son tres cosas distintas y conviene no confundirlas:
- Llamadas simultáneas — cuántas puede haber a la vez.
- Llamadas por segundo — a qué ritmo pueden entrar.
- Gasto diario — cuánto puede gastar una cuenta en un día.
Hay un detalle que la pantalla te explica y que sorprende a mucha gente. La licencia cuenta llamadas contestadas, pero los topes del switch cuentan llamadas en curso, que incluyen las que todavía están timbrando. Y timbran muchas más de las que contestan. En este tráfico hay unas tres llamadas en curso por cada contestada, así que una licencia de 200 contestadas equivale a un tope de unas 600 en curso. Ese número sale de medir el tráfico real, no de una fórmula.
Recargar
Cuando cambiás algo en otra pantalla — un cliente, una tarifa, un punto de conexión — el portero no se entera solo: hay que pedirle que vuelva a leer. Eso es recargar, y no corta ninguna llamada: sólo le dice «fijate de nuevo».
Cada botón dice qué vuelve a leer y, más importante, qué no cubre. Es frecuente recargar lo que no era, no ver ningún cambio y concluir que el panel está roto.
Requiere reinicio
La lista de lo que no se puede cambiar en caliente: la cantidad de procesos de trabajo, las direcciones donde escucha, qué piezas se cargan y la memoria que reserva al arrancar.
Está listada a propósito, para que nunca sea una sorpresa. Todo lo que aparezca ahí exige reiniciar el portero, y eso corta todas las llamadas en curso. Se hace en ventana, no sobre la marcha.
Admisión
La pestaña más útil cuando algo no cierra. Responde una pregunta que parece obvia y no lo es: ¿qué puede rechazar realmente una llamada?
El switch tiene un puntaje anti-fraude con varias señales. Cada una suma puntos, y la llamada se rechaza cuando el puntaje llega al umbral. El problema es que un límite configurado no siempre alcanza para rechazar: puede sumar menos puntos que el umbral y, por sí solo, no frenar nada.
También vas a ver señales marcadas como desarmadas. Suele ser porque el cliente tiene el tope en cero, que el switch lee como «sin límite» — y de paso apaga esa señal. La pantalla te dice cuál está apagada y por qué.
Quién entra y quién está bloqueado
La lista de quién puede mandarnos tráfico sin autenticarse, y la de quién está castigado en este momento. Un cliente que se equivoca de contraseña varias veces se castiga solo; podés levantarle el castigo desde acá sin esperar.